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¿Para qué negar la evidencia? Nunca he sido amigo de leer blogs ajenos. A mí las vivencias, pensamientos y reflexiones de los demás me la traen completamente al pairo, y si hace poco más de un año decidí empezar a poner por escrito lo que ahora tienes ante las narices fue, en primer lugar, por parecer moderno a los ojos femeninos del mundo, y en segundo, y en mucha menor medida, para acostumbrar a mi perezosa mente -tan amiga ella de las pipas de girasol, el sofá y la contemplación babichorrante- a trabajar sus escasísimas horitas a la semana. De ese modo, y gracias a los ora elogiosos ora cancerígenos comentarios que mis posts iban cosechando, fui conociendo otros blogs de entre los cuales, y sumándoles otros que tan sólo me molan porque los que los escriben son amigos míos, he ido seleccionando unos pocos para mi asueto, sustento y compañía que son los que podrás encontrar como enlace aquí a la derecha, por si también quieres abrirles un hueco en tu arisco corazón de piedra. Por ir resumiendo: que hasta hace cuatro días leía muy pocos blogs. Y además, estaba más que orgulloso de ello. La negación, de siempre, ha sido más atractiva que la afirmación, y aunque ya ha pasado mucho tiempo desde que tomé la decisión de convertirme en una persona positiva y abierta a las ideas ajenas, todavía queda en mí un virusín pre-adolescente que se hinfla y envalentona ante la mínima oportunidad de repartir desaires y desdenes. Pero hace escasas semanas vi la luz. Desde entonces, soy otra persona: como mejor, duermo mejor, los niños me sonríen por la calle. ¿Cómo ha podido operarse ese cambio?, os preguntaréis. Gracias a los blogs de taxistas. Habéis leído bien: gracias a los blogs de taxistas. Que los hay, y muchos. Como no quiero tirarme media hora dejando enlaces, os invito a que entréis en la página de la Agrupación En defensa Del Taxi y exploréis todos y cada uno de sus links:
¿Y qué hay en los blogs de taxistas que me llene tanto? ¡Las paradojas de la existencia elevadas a su enésima potencia! En sus querellas, en sus conflictos, en sus vivencias, no hay nadie como los taxistas para repartir amor y odio a partes iguales, para aunar la más sincera de las poesías con la realidad más cruda y descarnada, para truecar la pura mirada de un niño en un aguijón que se te clava en la profundidad más sensible de los adentros… Vamos, que la estoy flipando. Y sobre todo, con éste que os enlazo a continuación: Cuando lo vi por primera vez, pensaba que iba a encontrarme con un verdadero psicópata. ¡Taxi Driver, vaya nombre! ¡Y el mensaje de bienvenida del muñequito manga de la derecha! Pero nada más alejado de la realidad: ¡Menudo crack! Para empezar, por su sabiduría y paz interior: ¡Taxi Driver no escribe por escribir! Sólo lo hace cuando tiene algo interesante que contar, de tal manera que hay veces que el buen hombre se ha tirado dos, tres semanas o incluso un mes sin actualizar, para después hacerlo con una parquedad y economía narrativas que bien podrían dejar a Hemingway a la ínfima altura de los betunes. La segunda razón por la que Taxi Driver me chana es por su sentido del humor. Cuando se pone es más bruto que un arao, y jamás justifica sus acciones o pensamientos. Él es así: taxista. Lo cual, a la postre, quiere decir: persona. ¡Con un punto de vista total y únicamente suyo! ¿O es que acaso ahora vamos a tener que pedir disculpas por nuestra individualidad más recóndita? ¡Y un cipote! Y la tercera, por sus descacharrantes encuentas. ¿Y sobre qué hace encuestas Taxi Driver? ¡Sobre todo y sobre nada! Las galletas, lo que se hace con los mocos una vez sacados, el significado de las luces y los números en los taxis… ¡Arte total! Pero bueno, es hora de que calle el exégeta y hable el único, el inimitable, el grande: Taxi Driver. El primero de sus relatos que voy a glosar nos muestra al Taxi Driver más irónico y divertido. Recomiendo leer de un tirón y después volver a fijarse en el título: INSULTOS ACERTADOS. Se acerca una panda de guiris (turistas) con sombreritos de cowboy, caras felices y caminar de fantasía. Pienso: - Menuda panda de subnormales. Al verlos acercarse al taxi compruebo para mi sorpresa que era un grupo de personas con deficiencia.
¿Mola, o no mola? En este que viene a continuación, Taxi Driver tiene un roce con sus compañeros, a los que involuntariamente les jode el éxtasis contemplativo en que se hallaban. Los pobres no acaban de comprender su personalidad indómita: FUEGOS NO ARTIFICIALES. Noche de fuegos artificiales, y muy cerquita de la parada del faro. Los veíamos tan de cerca que la impresión era increíble. Y la verdad que la felicidad se reflejaba en la cara del grupo de taxistas que me precedían en la piquera. Ya había pasado un rato cuando suelto una lindeza: - Pues como éstos los tienen cada noche en Irak. Se les borraron las sonrisas de golpe. Me miraron furtivamente acrivillándome. Y giraron de nuevo sus cabezas. Qué poco sentido del humor.
Y a estos, todavía, los deja vivitos y coleando. Hay otros que no tienen tanta suerte: FUERA DE MI PROPIEDAD. En estos días de aburrimiento extremo es natural ver a taxistas fuera de los taxis hablando de lo mal que está la cosa. En esto, que se reúnen tres de ellos detrás de mi coche, y uno tiene el valor de apoyarse en él. Es algo que me mosquea desde el punto de vista que ellos lo hacen y luego no quieren que se lo hagas. Bueno, el caso es que tocaba mover el taxi, y aquel hombre seguía apoyado... Mi mala intención fluía por mis venas. Pero como no era muy humanitario, quité el freno de mano despacito, di un par de acelerones para avisar, y entonces el compañero se levantó. Arranqué y miré por el retrovisor que el compañero no se había levantado, sino que únicamente se despegó del coche un segundo, parte de un balanceo con la cadera. No me lo creía. Aquel taxista se conviritió en el mejor fonambulista del Circo del Mundo durante tres segundos. Movió los brazos como si fueran dos molinos de agua y se pegó una torta. Mi descojone en el coche fue brutal.
¡Porque Taxi Driver es indómito, joder! Para los que todavía no hayáis caído rendidos a sus encantos, os dejo otra muestra de su buen hacer y pensar. ¡Y os invito a que admiréis, de nuevo, su excelsa economía narrativa!: VENDIDO… OTRA VEZ. - Perdone, ¿puedo fumar en el taxi?. - No, no puede. - Vengaa... Le daré propina. - ¿Cuánta propina? - 5 euros. - Fume. Al final me dió 13 Euros.
La historia que váis a leer a continuación nos muestra al Taxi Driver más umbrío, poético y… ¿por qué no decirlo? Pastoril y aventurero. ¡Qué cojones, el tío! LA GRAN AVENTURA. De noche a la 1 de la mañana... llevé un borracho a Fataga, ese pueblito en medio de la nada con una carretera angosta y sin luces que lo separa de la civilización. Después de un rato que el hombre me fuera contando por qué en lugar de "buenos días" decía "feliz navidad", y de lo que le gustaba la vida, llegamos a un punto en la oscuridad que no agradaba mucho. Al fondo de la montaña se oían unos gritos aterradores, gélidos, pinchantes que hacían estar alerta. Nunca supe de qué se trataba. Pasé miedo. En el destino, el alemán que lucía una bonita mirada perdida, me invitó a pasar a su casa. Y yo, como si toda la gente de este mundo tuviera buenas intenciones, acepté. Entre a la casa. Primero me mostró su increíble cama de agua. "Pasa y tócala", me decía. Realmente debía ser extraño dormir allí. Él decía que era bueno para la espalda. Seguimos hacia adentro, dos gatos locos amenizaban el cotarro. Al llegar a la cocina me ofreció un zumo, que milagrosamente bebí en un vaso limpio. Luego me habló sobre cuánto le costó la casa, a quién se la había comprado, y de los animales que tenía en el tejado que comían mosquitos. Todo con la mirada brillante y perdida. Al volver, volví a oir aquellos gritos espeluznantes. Creo que se trataban de algunos cerdos.
¡Qué desasosiego, qué turbación, qué desencanto encantado! ¡Taxi Driver se sale! Para los que todavía penséis lo contrario, os dejo con las recomendaciones que el propio Taxi Driver dedica a sus detractores -y que desde ya, y con su permiso, hago extensibles a los míos. De este texto me mola especialmente el sabio uso que hace de las comparaciones y/o metáforas. Con él me despido: COMO LAS LENTEJAS. Este post va a modo de aclaración para todos aquellos que se sienten aludidos, ofendidos, o incriminados: Si no te gustan, las dejas. Es decir, la gente viene, y como no le guste lo que lee, deja un comentario del tipo "Oh, me he metido en el blog de un taxista que critica todo y esto no me gusta, voy a hacer un comentario para hacer ver lo malo que es él y lo bueno que soy yo". Pues bien, cuando a mi no me gusta una página porno de (si eres sensible vete al siguiente párrafo desde ya) gente cagándose en la boca, entonces no entraré más y buscaré un contenido adecuado a mi criterio. No voy a decirle a los creadores "Eh, sois unos guarros depravados, cambiad el contenido de la página". Lo digo porque no es la primera vez que ya me encuentro comentarios desagradables. Y no, no es una paradoja, porque Taxi Driver está hecha a mala intención a propósito. Sin embargo, esos comentarios son de los que ... están ahí y estorban. Ya creo con esto dejarlo clarito. Si no te gusta Taxi Driver, que esta sea tu última visita. Y si te gusta, sigue entrando, comentando, y descojonándote de una visión retorcida sobre las cosas cotidianas.
¡Larga vida a Taxi Driver!
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